Quiénes somos

JUNTA POR LA DEMOCRACIA la constituimos un grupo de ciudadanas y ciudadanos de Andalucía, plural tanto en sus dedicaciones profesionales, como en su ideología, a los que nos unen unas profundas convicciones y, por extensión los principios y valores que sustentan a la democracia y el temor a que la realidad distópica que estamos viviendo acabe con ella.

En este estado de cosas, consideramos que es necesario y urgente que la ciudadanía, libre de ataduras partidistas, tome las riendas de su presente y de su futuro e inicie un camino largo y apasionante de trabajar, como sociedad, desde el seno de la propia sociedad, desde los distintos ámbitos que la constituyen, esos principios y valores democráticos, materializados en ámbitos tan importantes como la educación, la sanidad, la sostenibilidad medioambiental, la dependencia, la agricultura, la investigación, el cooperativismo o la participación ciudadana, por citar algunos.

Nuestro ámbito de actuación es inicialmente Andalucía, pero siempre con la mirada puesta en el resto del Estado, en Europa y en el mundo, puesto que el problema y la preocupación que nos unen es universal.

JUNTA POR LA DEMOCRACIA

LA LIBERTAD Y LOS DERECHOS

 1.-Tras la segunda llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, un reducido número de multimillonarios y propietarios de grandes corporaciones tecnológicas, tras tomar el poder, prescinden de la legalidad internacional, de los límites de las soberanías nacionales y consideran la democracia como un estorbo para su prosperidad; a través de las redes sociales controlan a amplios sectores de la sociedad mediante la mentira y los discursos de odio. Es así como se va produciendo un avance del autoritarismo que se extiende por el mundo y particularmente por Europa con el apoyo explícito de EE.UU. Su objetivo es claro: debilitar las instituciones democráticas, limitar libertades, erosionar los servicios públicos y los derechos sociales, y militarizar las sociedades, y todo ello para garantizar que una minoría, extremadamente reducida, concentre poder y pueda desarrollar sus negocios sin límites ni controles democráticos.

Cada día conocemos nuevos episodios de persecución, asesinatos de quienes defienden derechos, aprobación de leyes restrictivas, privatizaciones, concentración de medios de comunicación, deterioro ambiental y más guerras. Y no como hechos aislados, sino como componentes de una misma lógica de poder.

2.-Desde el 28 de febrero, venimos presenciando, entre incrédulos e indignados, los bombardeos indiscriminados de EE.UU. e Israel sobre Irán y Líbano, castigando a la ya sufriente y reprimida población civil, en una guerra   de consecuencias humanitarias, políticas y económicas imprevisibles.

La modulación del uso de la fuerza no fue ingenua ni idealista. Fue el resultado de una experiencia histórica límite, sufrida tras las dos guerras mundiales: la humanidad comprendió que, sin reglas comunes, el mundo se precipita hacia la barbarie.

La Organización de las Naciones Unidas, los DD.HH., el derecho internacional humanitario y el principio de soberanía de los pueblos fueron intentos —imperfectos, sin duda— de construir un marco mínimo de con- tención frente a la violencia. No eliminaron las guerras, pero las deslegitimaron.

Cuando la fuerza sustituye al derecho, cuando un débil multilateralismo acaba de vaciarse de contenido y cuando la guerra se normaliza, debemos preguntarnos qué mundo estamos permitiendo que se configure ante nuestros ojos; callar frente a este proceso sería repetir uno de los errores más costosos de la historia. Por ello sigue siendo necesaria la lucha por la democracia y por la paz.

3.-Para sostener privilegios tan desproporcionados en favor de las élites en las sociedades democráticas es imprescindible recurrir a la mentira sistemática y a la táctica de distracción. Así, por ejemplo, se afirma que la inmigración nos invade y destruye empleo cuando, en realidad, son millones de personas migrantes quienes sostienen sectores esenciales de nuestra vida, aportando riqueza cultural y económica. Se vincula inmigración con delincuencia, a pesar de que las estadísticas desmienten esa narrativa. O se dice defender la sanidad, la educación o las pensiones públicas mientras, en realidad, se desvían cuantiosos recursos hacia el sector privado.

Allí donde se aplican políticas de privatización se deterioran los servicios, se corrompen las relaciones sociales, crecen las desigualdades y se debilita la cohesión social. No se trata de una valoración ideológica abstracta, sino de una constatación empírica: cuando lo común se mercantiliza, aumentan la exclusión y la vulnerabilidad.

Si esta deriva privatizadora continuara, en pocos años, sólo accederían con normalidad a los servicios esenciales, hoy todavía públicos, quienes dispongan de patrimonio suficiente para pagarlos.

4.-La mentira no tiene recorrido allí donde hay debate sereno, rigor científico y contraste de argumentos. Por eso, junto a las políticas de recorte y concentración de riqueza y poder, se promueve la desinformación, la polarización permanente y, en demasiadas ocasiones, una violencia que ya no es solo verbal. Desde grandes plataformas mediáticas se alimenta el enfrentamiento y el desprecio hacia quien piensa diferente. El resultado de todo ello es una sociedad dividida y enfrentada, donde el diálogo es sustituido por el insulto y la discrepancia por la hostilidad. Es una tragedia, porque sin diálogo no hay comunidad política, y sin comunidad no hay democracia posible.

No ignoramos la importancia de las instituciones ni de las elecciones, pero es evidente que la acción exclusivamente institucional está resultando insuficiente para frenar el avance del neofascismo y la involución democrática. La ausencia de estabilidad laboral y la inseguridad material que de ella se deriva, la imposibilidad de acceso a una vivienda asequible, así como la falta de horizontes compartidos han venido alimentando el crecimiento de opciones autoritarias.

5.-Quienes suscribimos este documento no nos resignamos a que todo esto ocurra.

No aceptamos vivir en una sociedad dominada por el miedo, la desconfianza, la división y el enfrentamiento permanente entre compatriotas y entre territorios.

El mundo está enfermando y urge humanizarlo: frente al individualismo, al dominio sobre los otros, al odio, a la agresividad, y a la exhibición del mal, aspiramos a desarrollar una cultura del encuentro, del diálogo y la cooperación, de la compasión y la ternura. Es fundamental recuperar, junto a la libertad y la igualdad, la realidad de la fraternidad, que se materializa en la sociedad de los cuidados, responsable de la fragilidad humana, especialmente de los más vulnerables.

Estamos dispuestas a promover un proceso de cambio cultural y de resistencia activa al autoritarismo en defensa de la democracia, la libertad, los derechos y la paz, en el que juegan un papel fundamental el cuidado de la casa común, la lucha contra la desigualdad, la violencia de género y la acogida de los migrantes.

6.-Estamos convencidas de que es necesaria otra forma de acción colectiva mediante la creación de Juntas ciudadanas por la democracia a distintos niveles, territoriales o sectoriales, basadas en valores compartidos —democracia, igualdad, justicia social y ambiental, pluralismo, respeto y defensa de lo común—. Juntas activas, transversales, críticas y abiertas, no subordinadas a ninguna sigla partidaria.

A tal fin, queremos participar activamente en la vida pública, seguir decidiendo en libertad, y actuar en defensa de servicios públicos de calidad y universales, de un planeta habitable, y de una sociedad basada en la justicia y no en el privilegio, bajo una convivencia fundada en el respeto, el diálogo y la concordia.

Nos comprometemos a impulsar este proyecto promoviendo espacios de encuentro, diálogo, reflexión, y acción comunitaria en la perspectiva de construir nodos y redes de cooperación que nos permitan intervenir en la realidad social, política, económica y cultural de nuestro entorno.

Invitamos a suscribir este documento a cuantas personas comparten estas preocupaciones y el deseo de participar en este proyecto por la urgencia y la gravedad del momento presente.

Porque la democracia, la libertad, los derechos y la paz no nacen ni se sostienen solas, sino que sólo perduran cuando existe una ciudadanía consciente y activa.

Nota. A lo largo de todo el documento se ha utilizado el genérico femenino personas.

Participa

Si, como ciudadana o ciudadano, vives esta misma preocupación, el mismo anhelo de defender la Democracia, si consideras que el trabajo en comunidad hace el camino más corto y enriquecedor y si, por último, tienes la necesidad de aportar tu grano de arena a esta tarea,  déjanos tus datos para que podamos contactar contigo.